

"Pero si nunca le pasó nada en los dientes." Lo escucho de papás preocupados, y casi siempre tienen razón: no pasó nada puntual. El problema no fue un golpe, fue algo pequeño repetido miles de veces. La mordida de un niño se esculpe con la presión de todos los días.
Estos son los cinco hábitos que más vigilo, y qué hacer con cada uno:
1. Chuparse el dedo después de los 3–4 años. En bebés es normal; prolongado, empuja los dientes de arriba hacia afuera y abre la mordida. Qué hacer: no castigar; sustituir por otra forma de calma y consultar si sigue.
2. Respirar por la boca. El más silencioso y el más serio. Si el niño respira por la boca, la lengua deja de apoyar el paladar y este se estrecha, alterando toda la cara. Ojo si ronca o duerme con la boca abierta: muchas veces hay alergias o adenoides detrás. Esto se resuelve con el pediatra, no regañando.
3. Empujar la lengua al tragar. Tragamos unas 800 veces al día. Si en cada trago la lengua empuja los dientes, imagina el efecto sumado.
4. Chupón o biberón prolongados. Cómodos para dormir, sí, pero pasado cierto punto deforman el arco igual que el dedo.
5. Morderse uñas o labios. Parece inofensivo: genera fuerzas raras y repetidas que desgastan y desalinean.
La clave no es prohibir, es entender
Casi ningún hábito se corrige a gritos. Se corrige encontrando la causa (¿ansiedad?, ¿no respira bien?, ¿imitación?) y atacándola en equipo —a veces con el pediatra, a veces con terapia miofuncional—. Si reconociste dos o más en tu hijo, no es para alarmarse, pero sí para revisarlo: detectarlo hoy evita meses de tratamiento mañana.
¿Reconociste alguno y no sabes si es momento de actuar? Cuéntame y te oriento.
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Preguntas frecuentes
¿Es malo que mi hijo se chupe el dedo?
¿Por qué es tan importante la respiración por la boca?
¿A qué edad debo preocuparme por estos hábitos?
¿Se corrigen estos hábitos con regaños?
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